Sabor a decepción

Es difícil salir de la rueda de la decepción cuando tal vez, lejos de sentir alegría cuando quedamos con una persona comenzamos a sentir tristeza. Una tristeza que por momentos es rabia e incluso, un deseo de no volver a ver a ese alguien en mucho tiempo. Un día hay algo que cambia y quien antes nos hacía sentir bien se convierte por momentos en un enemigo a batir. Enemigo, simplemente, porque representa un conflicto interior con uno mismo.

Ojalá la vida tuviese su sabiduría interna. Me encantaría que existiese un manual de instrucciones aplicable a cada caso. No sé qué se debe hacer en esa situación pero lo que sí sé es que la decepción cuando se arrastra durante tiempo, tarde o temprano aflora.
Ojalá decir adiós a una persona fuese tan sencillo como tirar un objeto a la basura. Ojalá las personas pudiesemos leer el pensamiento ajeno sin necesidad de ser expresado. Tal vez de este modo, nos entenderíamos mejor.
Ojalá cualquier tipo de relación fuese tan sencilla como un gesto voluntario a nivel individual. Por el contrario, en cualquier vínculo se enfrentan dos voluntades que quieren de forma distinta y en diferente grado. De ahí, el principio del desencuentro y la decepción que tarde o temprano afecta a quien se da más al otro.
En otoño, las hojas caen de los árboles en un símbolo de renovación espiritual, tal vez por eso, también es buen momento para mirar nuestro armario interior y decir adiós a alguien que tal vez te importa pero cada vez te importa menos por el peso de la decepción que llevas dentro.
Yo hoy también, te digo adiós en silencio.

Comentarios

  1. Hola, Maite:

    Es díficil decir adiós tú misma lo has dicho todo; siempre la persona qué más suele dar es el jardinero no abandona nunca a su jardín, a su flor porque como dice el Principito es única a las demás pero muchas veces la otra persona se da cuenta cuándo es ya demasiado tarde esa es la triste verdad.

    ¡Un abrazo, gracias por recomendarme
    ver esa pelicula para la próxima
    semana iré pronto al cine para verla!

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  2. así es mchu: jo, si pudieramos evitar todos los conflictos interiores que la vida diaria nos provoca sería todo más facil, en fin, tú misma lo dices, la metáfora del otoño es buena para entender que en ocasiones es bueno e incluso necesario renovar nuestro interior, tirar los pantalones viejos o similar, hacer orden cuando hay caos... y, siempre, mirar hacia delante... acuérdate de aquello que comentamos: el pasado pisado... bss

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  3. Apréndamos del silencio
    Vivamos el presente
    Y si el otoño es un buen momento para disfrutar del color burdeo y anaranjado de la vida.
    Colgemos el pasado, digamos adiós, pero sin dolor, digamos hasta pronto, digamos hasta nunca, no digamos nada, .. lo que sea, con tal de no sufrir. Deja caer las hojas, contempla como se las lleva el aire, y déjate llevar por el viento a otros valles, de esperanza.
    Estamos de paso. Y no merece la pena, luchar contra el viento, porque al final si la hoja es perenné, caerá, por su propio peso.
    Un abrazo
    1.1

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