Cincuenta años de esperanza

Este 2011 ha empezado con fuerza en mi familia puesto que el sábado pasado celebramos las Bodas de Oro de Pedro y Lola. Un acontecimiento poco habitual en esta sociedad marcada por el egoísmo, el individualismo y la poca fe en el amor entendido en su sentido pleno.
Qué difícil es precisar qué es el amor verdadero y diferenciarlo de aquello que no es amor: no es amor pensar que se comparte la vida con otra persona nada más conocerle.

Tampoco es amor tener una relación en la que siempre debe ceder uno de los dos ante el miedo del uno de llevar la contraria al otro. Detrás de muchas relaciones existe una clara necesidad de recibir afecto a cualquier precio. Y sobre todo, existe muy poca imaginación para vivir una historia al margen de convencionalismos. Creo que muy pocas personas saben crear y regalar magia.


Hace una semana hubo magia en dos corazones jóvenes y envejecidos al mismo tiempo. Estoy segura de que el amor suma alegría pero también desgasta convivir durante tantos años con una misma persona. Tal vez de ahí brota una de las preguntas más difíciles que debe hacerse una persona antes de casarse: ¿Merece la pena renunciar a muchas cosas por compartir la vida con otra persona? Yo tengo mi propia respuesta pero cada uno debe encontrar la suya.


Hace una semana me pidieron que escribiera algo sobre el amor. Y no lo hice por varias razones. Porque creo que en ese día poco podíamos decir los demás. Al revés, los allí presentes sólo podíamos aprender de cincuenta años mostrados en fotografías, de la repetición de un sí quiero que como el eco retumba en la memoria de cualquier pareja, de la vida vista desde otra perspectiva... Me gustó estar, ver, aprender y sentir qué es la vida, qué es el perdón, qué es darse al otro sin condiciones y qué es envejecer junto al otro.


Como filósofa tengo mi propio modo de vivir y de sentir el mundo emocional. Lo cierto es que la Navidad es un tiempo de mucha intesidad a muchos niveles. Y el sábado pasado, todos los presentes en unas Bodas de oro que no olvidaré nunca, sentimos la alegría por un amor de toda una vida, también sentimos la tristeza por aquellos que no estaban allí para poder verlo, rememoramos heridas de alguna decepción que tal vez no hemos superado, pero sobre todo, tuvimos esperanza.


Esperanza porque todo un entorno se volcó por regalar el mejor día a Pedro y Lola. Esperanza porque ellos, sin saberlo, nos lo regalaron a nosotros. Gracias por compartir vuestra historia.


Comentarios

  1. Es difícil hablar del amor, estoy contigo. Me alegra mucho que fuera un día muy especial y que te haya transmitido esperanza. Hace falta. Cuídate.

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  2. Es la mejor de las loterías, el poder celebrar las bodas de oro de unos padres, donde rememorar el gozo de sus vidas. Un día decidieron continuar su primer baile, con un si quiero y han bailado acompasados, han amado, han compartido, han tropezado, han perdonado pero sobre todo lo han dado todo. Y es su grandeza de DAR, donde reside la magia de su amor.
    Fue un día donde todos participamos de su baile y donde comparto contigo Maite que la palabra esperanza se llena de color, de alegría y es un éxtasis de felicidad.
    Reunir a toda la familia fue precioso, como recordar a los que viven en nuestros corazones. Me ha durado toda la semana, pero he tenido que aterrizar. Ya sabes, la miserias de cada cual je je ¡¡¡¡ Os quiero.
    1.1

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  3. Aunque tarde, aquí va el comentario que esperas…
    Como afectado directo he leído con muchísimo agrado lo que dices sobre el acontecimiento. Y lo haces bien, acertando como siempre en tus juicios y observaciones. Pero sobre todo ello, y superándolo, está la dicha de haber podido sentir el cariño y el amor que encierra el corazón de unas hijas, de unos hermanos y de toda la familia en general. Como digo, haber sentido el amor próximo a uno, no quiere decir que no existiera antes ,ni que se desconociera su existencia. Estaba allí, presente siempre en todos los acontecimientos vividos, unos gratos y otros algo menos. Unos queridos y deseados y otros vividos forzosamente en su inesperada aparición. Entre ellos, la enfermedad reciente, grave pero felizmente superada, que ya anunciaba que el amor existía y era una realidad. En fin Maite, cincuenta años de matrimonio son muchos años, son cincuenta años de vida en comunidad, que es con mucho, la mejor forma de vivir. Y sólo ha sido posible por la participación de todos, de la familia entera en la misma. Qué podamos seguir disfrutando de esta experiencia gozosa. Muchas gracias. Tu tío.

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