Larry Crowne: mi particular decepción

Hoy he ido al cine a ver una peli que llevaba mucho tiempo queriendo disfrutar. Mis expectativas habían bajado ante las críticas negativas que había leído sobre Larry Crowne. Aún así, creo que se trata de una historia que ofrece una visión muy distorsionada de la relación entre una profesora y un alumno. ¿Por qué? Porque como espectadora siento que he visto una historia de amor que no cuadra ni con pegamento. Y la pena es que parece que recuerriendo a un romance en el que solo brilla la eterna perfección de una impecable Julia Roberts, se deja de lado la verdadera esencia de la relación entre un docente y un alumno.




Recuerdo que cuando estaba en mi primer año de doctorado leí un libro en el que, entre otros consejos, se afirmaba que era mejor que existiera cierta diferencia de edad entre un director de tesis y un doctorando, sencillamente, para evitar la posible confusión de sentimientos o el enamoramiento. En aquel entonces, ya me parecía bastante limitado ese pensamiento porque con los años he aprendido que te sientes mucho más próximo a un profesor cercano en edad que no a alguien que te lleva treinta años.



En filosofía existen grandes relaciones de admiración profesional entre un profesor y un alumno: Sócrates y Platón, son un ejemplo. Pero también, existen casos súper bonitos de mujer y hombre como mostró Alejandro Amenábar en Ágora. Es esa visión de maestro la que me parece un verdadero regalo. Poder contar con un referente de vida, un guía, alguien que sabe orientarte, una persona con la que puedes compartir tus dudas existenciales y hablar. Alguien que se preocupa por ti y que te destaca por encima de los demás alumnos (las preferencias son humanas).




Tal vez, hemos vivido en una cultura tan llena de prejuicios en relación con el posible enamoramiento entre un profesor y una alumna (o a la inversa) que cuando te encuentras con un docente que te interesa, tienes que hacer más esfuerzo por matar ese interés humano, intelectual, o como lo quieras llamar, por el simple hecho, de no dar lugar a malos entendidos.



Lo bueno es que nunca es tarde para abrir los ojos e ir más allá. Larry Crowne no me gusta porque recurre al amor para mostrar que una relación que surge en las aulas es especial sólo porque hay amor. La realidad es que una relación entre una profesora y un alumno (o a la inversa) puede ser mucho más especial, bonita y profunda sin que haya amor de pareja de por medio. Tal vez, detrás de este tipo de vínculo sí existe amor como diría Tomás de Aquino: se trata de la perfección que brota de la admiración intelectual, emocional o anímica.




La verdad es que después de toda una vida vinculada con el mundo de los estudios, me resultaría bonito pensar que cuando tenga sesenta años puedo seguir manteniendo el contacto con algún profesor que tal vez, vio en mí un poco de esperanza. Sin embargo, en los tiempos modernos cargados de individualismo, la mayoría de los profesores se alejan de sus alumnos cuando termina el curso académico.




En cualquier caso, dejaré que la vida me sorprenda. Hoy sólo sé que Aristóteles fue afortunado por conocer a Platón.




Hoy me despido con un artículo: Las mejores épocas para buscar trabajo.

Comentarios

  1. Es hermoso creer en este tipo de admiración, empatía, relación donde un vínculo muy especial enriquece a las personas desde lo más profundo.
    Pero esto debe ser como los verdaderos amigos. Difícil de conseguir.
    Me gusta tu entrada, como siempre.
    Un abrazo 1.1

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