La ética del amor: ¿Se puede justificar la infidelidad?

En la actualidad, acabo de leer un libro que me ha encantado: El lector. Una historia de amor imposible en apariencia entre un niño de 15 años y una mujer de más de 30. Sin embargo, llevado a otro tema diferente, en la literatura y en el cine existen grandes historias de amor en las que aparece el tema de la infidelidad: Los puentes de Madison, Titanic, Noches de Tormenta… En la actualidad, una serie que ha triunfado como Anatomía de Grey refleja la historia de un hombre casado que se enamora de una compañera de trabajo.

Por otra parte, en la literatura también he leído libros con esta temática de fondo. Cuando estaba en el instituto tuve la suerte de disfrutar de una obra que me encantó: La mujer de otro de Torcuato Luca de Tena. La historia de una mujer casada que se enamora de otra persona. Por otro lado, también os hablé hace unos días de un libro: Hombres ilustres. Sus cartas de amor. Algunas de esas cartas están dirigidas a una amante. Y cuando las lees, lejos de ver nada malo, te olvidas de cualquier valor ético y sólo puedes ver la limpieza y la pureza del corazón. Es muy difícil explicarlo desde un punto de vista psicológico y también filosófico pero algo tendrán estas historias que logran que algo en apariencia malo o sucio como la infidelidad, sea algo totalmente accidental y secundario.

¿Por qué pongo estos ejemplos? En primer lugar, para explicar un argumento es mejor dar datos. Y después, porque me resultaba más difícil encontrar casos de historias de amor vividas en secreto en las que existía una gran diferencia de edad entre los protagonistas (como es el caso de El lector). La infidelidad es un tema más universal, incluso, más humano. Y es que, la tentación existe, el deseo es real. Y el hecho de caer o no caer en la tentación, es una decisión personal o tal vez no. A lo mejor, hay veces en las que cuando el grado de amor es extremo y el grado de deseo también lo es, puede que lleve a esas personas que se encuentran ante algo en apariencia prohibido al vértigo del precipicio. Tal vez caer en la tentación es lo que muestra que el ser humano es realmente humano, frágil, vulnerable y débil.

Tal vez estas historias reflejan la lucha que existe en el corazón humano entre razón y corazón. Entre deseo y deber. Entre ética e inconsciente. Y esa lucha, es precisamente, la que logra atrapar la atención del lector. Estas historias también tienen algo que me parece mágico. Y es el hecho de pensar que en el mundo pueden existir otros mundos paralelos. Mundos que en realidad sólo conocen dos personas, historias que quedan en secreto y eso, aporta mucha más intensidad, intimidad y perfección a una historia en tanto que al no estar impregnada por los conflictos propios de la convivencia o por el aburrimiento, logran rozar escenas de película.

En otras ocasiones, la realidad es que la infidelidad, logra mostrar su lado más amargo y menos ético. Así sucede en películas como Closer. ¿Será porque todo depende de cada caso, de cada situación, de cada persona, o de cómo se viva una historia? Por otra parte, a veces, puede existir el enamoramiento sin tener que llegar a materializarse en una infidelidad. Como ejemplo, te invito a ver una película fantástica Ana y el rey. Dos personas que dentro de dos culturas diferentes se enamoran.

Existe una tragedia humana y es la de encontrarte con la persona adecuada en las circunstancias inadecuadas. Sin embargo, imagino que todos aquellos que cayeron en la tentación lo hicieron no sólo por amor sino también, por algo, que a veces, me parece más trágico. Y es el hecho de saber que sólo se vive una vez.

Comentarios

  1. Un libro: "De los amores negados", de Ángela Becerra.
    Y también un abrazo.

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