Las decepciones de los entornos emocionales

Hace dos años, da igual dónde, cómo o cuando, conocí a una persona que tuvo un final trágico: se suicidó. Le conocí en un contexto profesional. Nunca he hablado de esta historia poqrue es difícil hablar del suicidio, hablar de alguien que ya no está. Así que no voy a hablar de eso, o tal vez sí, pero de una forma indirecta. Recuerdo que el día en que conocí a esa persona, le noté dolor. Dolor por la cantidad de detalles que llevaba acumulados en su interior, en los que se encontraba con trabas en las relaciones sociales. Resulta que en la teoría, todos somos muy solidarios, muy empáticos y muy generosos, en la práctica, somos más bien individualistas, y nos centramos en nosotros mismos sin importar lo que le pase al vecino. O lo que es peor, existen personas, o al menos yo las conozco, que toman las relaciones sociales y las posibles nuevas amistades como una molestia y un estorbo. Así que siempre recuerdo a aquella persona porque dentro de mí, siento pena de que no pudiese encontrar un entorno que le diese esperanza. Y siento más pena todavía de que esa persona, que buscó refugio en ámbitos emocionales no lograse encontrar la paz interior, porque muchas veces, los entornos emocionales, por ejemplo, los cursos de autoayuda, son incapaces de ofrecer aquello que promueven en la teoría. Desde mi experiencia, en los entornos emocionales puedes llevarte las mayores alegrías de tu vida: profesores que merecen la pena y saben ir más allá del rol de profesor y gente que tiene ganas de abrir su corazón. Pero también, puedes llevarte las mayores decepciones: profesores que tienen mucha formación teórica pero una nula inteligencia emocional. Y alumnos, que en realidad, no aprenden absolutamente nada porque son incapaces de poner en práctica aquello que aprenden en clase. Así que este año, de pronto, disfruto de una de las experiencias más bonitas de mi vida al poder estar en la Umafy con un curso formado por personas implicadas de verdad, que vienen contentas a clase y tienen ganas de conocerse entre ellas y hablar. Hacer un curso sobre temas emocionales no es como ir al gimnasio. Sólo se aprende algo cuando en la teoría y en la práctica, tú eres el mismo y aprendes a tratar de la forma adecuada a las personas. A mí, el caso de aquella persona me marcó. Y me marca también, ver que en realidad, estamos en una sociedad bastante decepcionante en muchos sentidos en donde encontrar a alguien coherente, entre teoría y acción se convierte casi en algo tan difícil como buscar una aguja en un pajar. Lo saben todas aquellas personas que de buena voluntad se dan a los demás, y a veces, se encuentran con un portazo en las narices. O directamente, no encuentran lo que buscan.

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