Recuerdos en blanco y negro de mi abuelo Esteban

Comparto con vosotros un relato que he publicado en la revista Gente Grande del grupo cultural Bilaketa:

Eran tiempos de recuerdos en blanco y negro, de largas horas de sol sembrando en el campo, de trabajo duro a cambio de poco. Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor, y tal vez sea cierto en algunos aspectos: caminar hacia delante siempre tiene un precio. El que marca la irrefrenable ley del tiempo: existen personas que están sin estar, que se fueron, aunque siguen en la eterna contradicción del recuerdo capaz de revivir lo vivido.  

Hoy quiero desandar a través de la memoria creada en mí por aquellos que te conocieron, la distancia que separa la era virtual y tecnológica, de ese espacio, menos sofisticado pero más humano en el que viviste tú, abuelo Esteban para dibujar tu alma borrosa en el papel, que al igual que la memoria, convierte en eterno lo perecedero.  

En un paseo más allá del tiempo, las personas estamos marcadas no solo por aquellos que hemos conocido sino también, por aquellos que se fueron antes de tiempo pero dejaron testigos de vida expandiendo su legado. Mi abuelo no fue catedrático, fue un hombre de campo en tiempos de esperanzas y de ilusiones compartidas por un futuro mejor.

Con la sabiduría propia de aquel que sabe que antes de recoger frutos hay que sembrar con paciencia y aprender a esperar. La sociedad del bienestar, por el contrario, ha hecho de la voluntad humana una niña mimada que lo quiere todo rápido porque si no, se frustra ante el primer obstáculo.  

La vida se vive hacia adelante, por eso, siempre me tendré que quedar con la curiosidad de haber conocido a un hombre de buen humor, con buen carácter y trabajador que, como todo ser humano, dejó su huella en este mundo desde la serenidad de aquel que parece pasar de largo, sin querer hacer ruido. Así era la vida desde la calma en un mundo sin teléfonos móviles, redes sociales, ni ordenadores en donde a golpe de click la huella digital es inminente. 

Es el silencio invisible de la historia: testigos anónimos que, como mi abuelo, dejaron su huella en el mundo en ese peregrinar lleno de incertidumbres y misterios que define la existencia humana. Llena de preguntas sin respuesta. De saltos al vacío desde la nada. Todos hemos deseado en algún momento desandar lo andado, retroceder nuestros pasos y jugar a nuestro antojo con el calendario. 

Sin embargo, ante este imposible, lo único que nos queda es ese maravilloso refugio del recuerdo donde las personas perviven más allá de su ausencia. Hoy, desde la era tecnológica, pongo color a los recuerdos en blanco y negro de mi abuelo Esteban, para que por un día, sea un alumno más en la Umafy, y cobre vida literaria desde la eternidad de su alma.   

Comentarios

  1. Mas que bonito¡¡¡¡
    Desde el recuerdo, de un abuelo que muchos no conocimos, nos hablas de amor... , Me quede pensando ¡quién fuera abuelo!!!
    Que obra literaria tan bella, cargada de esperanza, ternura, sabiduría .... que gran destreza, tu análisis del paso del tiempo.
    Mas que bonito ¡¡¡ Genial...
    Un abrazo 1.1

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  2. Muchas gracias a los dos por vuestras palabras y Feliz Navidad.

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